Como un “partido histórico” era anunciado este Clásico Internacional, entre México y Estados Unidos que se jugó ayer en el Estadio “University of Phoenix”, en Glendale, AZ. En muchos respectos lo era. Fue el primer partido de la selección de Estados Unidos en Arizona en casi 30 años, y se rompió record de asistencia para un juego de futbol soccer en el estado de Arizona: los presentes eramos 62,462.
Todo comenzó hace un mes, cuando un amigo de la escuela me dijo que estaba interesado a ver a los gringos jugar contra “el TRI”. Nos pusimos de acuerdo y al final, fuimos cuatro: tres gringos y yo.
Toda la semana fueron apuestas, burlas, especulaciones sobre el resultado, y el “es que hace 8 años que México no gana en Estados Unidos”, contra el “es que es el primer juego de Hugo Sánchez”, el “Kikín” vs. “Donovan”, y el “México vs. Estados Unidos”. El ambiente de clásico se sentía en esta escuela de negocios en medio de Arizona.
Tomamos la clase de temprano para podernos reunir en casa de un cuate, e irnos a las 5:00. El juego estaba programado para las 7:00 (tiempo de Arizona), así que teniamos tiempo. Me puse mi playera de la selección, y mi sombrero charro. ¿Que me faltaba? ¡Claro! Un 12-pack de Tecates que nos tomamos entre todos. Tenían que ser Tecates, por que esas, según dice la lata, las hacen en Monterrey.
Llegamos al Estadio y nos estacionamos. Faltaban 2 horas para el juego. Decidimos quedarnos en el estacionamiento, comer unos snacks, beber, jugar futbol con unos Mexicanos que traían un balón de futbol. Todo bien. Alguien comentó que si realmente quisieran deportar a los ilegales, deberían traer al “border patrol” al juego, pero luego reflexionamos que si hicieran eso cientos de negocios americanos se irían a la quiebra. No cabe duda, los gobiernos, a través de las fronteras, son maestros de la simulación: le dicen a sus votantes lo que los votantes quieren escuchar, y luego van y hacen lo que mejor les conviene…
No hubo “Border Patrol” en el estadio, (y que bueno, por que no llevaba mi pasaporte), pero sí habia un estadio lleno. Como dije anteriormente, 62,462 gentes. Al menos el 90% eramos Mexicanos. El grito de “México, México” se escuchaba por toda la tribuna, y estaba ansioso de ver el momento en que, cuando México fuera ganando, cantaríamos el “Cielito Lindo”… Es momento, sin embargo, nunca llegó.
Salieron los equipos, y tocaron los himnos nacionales. El de México se cantó furiosamente por las decenas de miles de aficionados que ahi estabamos, el de Estados Unidos se cantó tímidamente, ahogado entre trompetas. Y comenzó el juego…
El primer tiempo fue un ejemplo de como no se debe jugar al futbol. México dominaba el balón, pero tenía poca llegada. Estados Unidos tenía llegadas rápidas y peligrosas, pero no podían contra Rafa Marquez u Oswaldo Sánchez, y lo peor para ellos, no tenían un recuperador del balón. Como suele suceder en los Clásicos, lo más interesante nunca fue lo que pasó en la cancha, sino lo que pasó en las gradas. Mientras Borghetti fallaba 3 facilitas que hasta mi abuelita puede meter, la “porra” gringa compuesta de 3 muy borrachos gabachos saltaba, cantaba, brincaba y gritaba alrededor de cientos de Mexicanos. Lo hacían sin miedo, también. Cuando los Mexicanos empezamos a cantar el ole, ellos hacian lo propio tan pronto México perdía el balón. Cuando nosotros coreabamos el “Sí se puede”, ellos gritaban “No se puede” (así, en español), a lo que la respuesta no se hizo esperar: “pues, toma viagra!”….
Mis amigos, que tambien son gringos pero que no estaban tan borrachos, no sabían que pensar de sus connacionales. Para mi, esto era normal: es un Clásico. La guerra no es entre los equipos, sino entre las porras. Y asi como vino, así se fue el primer tiempo. Sin pena ni gloria, los dos equipos salieron de la cancha.
Al medio tiempo me di cuenta que muchos de los Mexicanos que fueron al Estadio el día de ayer no eran residentes en Estados Unidos, sino gente que vive en Sonora y que hicieron el viaje solamente para ver a su equipo. Tambien me di cuenta que más de una persona que hablaba español y tenia razgos Mexicanos vestían la playera de Estados Unidos. Tanto los ha traicionado su país que ya lo abandonaron. Sin embargo, esto tambien demuestra que es mentira el argumento de Bush y de Schwarzenegger que los Mexicanos no adoptan la cultura americana.
Termino el segundo tiempo y Hugo Sánchez hizo sus primeros cambios: entraron Kikín, Guardado, y Bautista. Siendo Tigre, era evidente para mi que este sería el único juego en que vería al Kikín en un estadio de futbol. Durante toda esta temporada no lo veré con la playera de Tigres en el estadio Universitario. La nostalgía me invadió…
Pero no duró mucho, pues al 52′ Landon Donovan, el odia-Mexicanos, cobró un tiro de esquina que Jimmy Conrad, un novato, remató perversamente a donde “San” Oswaldo no pudo llegar. ¿Será que la mala racha del Santos invade a Oswaldo Sánchez? ¿Será que ya es tiempo de que salga Oswaldo y entre otro portero… tal vez, Guillermo Ochoa?
Después del gol entró Omar Bravo, y México domino el juego. Llegaba y llegaba, y tiraba y tiraba, pero tambien, fallaba y fallaba. Con cada fallo Mexicano los gritos de la porra de México se iba apagando. El “Cielito Lindo”, aunque cada vez más adecuado para la situación, se veía más lejos de presentarse. Kikín falló todas las que tuvo. ¿Para eso le pagan 4 millones de dólares en Tigres?… Espero que contra San Luis ya afine su puntería.
Además de la mala puntería, también estuvo el factor “mala suerte”. El portero gringo, Tim Howard, fue el mejor jugador del partido y paro todas las que quiso, incluyendo un remate perfecto de Bravo. Andres Guardado y Rafa Marquez tambien dieron un partidazo, pero tal vez fueron los únicos en hacerlo así. Al final, Estados Unidos jugó un partido de efectividad, y México jugó un partido de Hugo Sánchez. La diferencia, es cuando se trata de futbol, la efectividad en meter goles es lo que cuenta, y el “jugar bonito” no cuenta para nada. Lástima que los Mexicanos no hayamos aprendido esto aún. Nos serviría mucho aprenderlo, y aplicarlo en muchas facetas de nuestra vida…
Parecía que México se iría del terreno de juego perdiendo 1-0 pero luchando con todo el corazón, con la esperanza de empatar. Pero luego vino el desastre. México intentó la jugada del empate yendose completamente al frente. Entre pase y pase, el árbitro dijo “yo tambien juego”, y le metió un pase perfecto a Landon Donovan que, como “venía del contrario” no se marcó como fuera de lugar. Donovan quedó solo frente a Oswaldo y sepultó la esperanza Mexicana. ¿Así, o con más ayuda del árbitro? Para los gringos no importaba, celebraban como nunca. Los más de 50 mil mexicanos en el Estadio solo veíamos nuestro corazón roto…
Esta es la historia de los Mexicanos en Estados Unidos: queremos a nuestro país, pero este no cesa de traicionarnos. Se aprovecha de nosotros cada que puede. Viene la selección y cobran $60 dolares por el boleto, y los Mexicanos lo pagamos alegremente. Pero luego nos vuelven a traicionar, no nos dan más que derrotas. Los millones de Mexicanos que trabajan aquí para mandar remesas son tratados con discriminación en México, y con negligencia por parte de sus autoridades (los consulados y embajadas) en Estados Unidos, y sin embargo, siguen mandado remesas para alimentar las reservas internacionales. Es Guillermo Ortíz el que se para el cuello cuando el dolar esta estable, y es Lopez Obrador el que argumenta que hay que gastarlo todo en “programas sociales” que beneficien a su base política. Pero son los Mexicanos que viven en Estados Unidos los que hacen posible todo eso. ¿Como les pagan? Con indiferencia, con discriminación, y con derrotas de la selección. Por eso no me sorprendió ver Mexicanos con la playera de Estados Unidos en el juego. Y con cada traición de su país de origen, cada vez habra más de esos.
Termino el partido, aquí se rompio una taza y cada quien para su casa… No solo se rompio una taza, también 50 mil corazones. Para colmo, un adolescente borracho en la 101 chocó contra los transitos que iban a vigilar el tráfico. Salir del Estadio fue imposible, y lo único que se podía pensar en las dos horas y media que estuve en ese embotellamiento fue en las burlas de mis compañeros de la escuela. Ni modo, así son los clásicos.
Hoy, la portada de ESPN habla sobre el partido y dice, “México presenta las mismas excusas”. Me parece irónico, y más por que es cierto. México presenta siempre las mismas excusas: es que jugamos mejor pero no metimos el balón, es que es el primer juego y nos estamos acoplando, es que me robaron la elección, es que el árbitro, es que el yunque, es que los gringos, es que el mundo contra mi. ¿Cuando aprenderemos a dejar de poner excusas, y a empezar a ganar?
Y Ego Sánchez, el técnico de la selección, parece que tiene la boca más grande que la capacidad. Tanto que critico a Lavolpe, y ¿donde están los resultados? ¿No que Ego Sánchez podía con todo y con todos? Hoy se demostro que no.
Por cierto, tomen nota, Ego Sánchez selecciono a todos los Mexicanos que juegan en Europa, excepto a los sub-17… y al “Guille” Franco. En lo personal, pienso que Franco pudo dar un mejor partido (mucho mejor) que Cuahutémoc. ¿Se vale dejar a jugadores que pueden hacer la diferencia en la banca para darle oportunidad a un simbolo que no puede ni contra Cubero? ¿Se vale discriminar al extranjero cuando lo que el público quería era ganarle al rival que nos discrimina como extranjeros?
Pero, ahí están los resultados. Ojala aprendamos algo de ellos. El 2-0 en contra, y los ocho años sin ganar en Estados Unidos no se van a ir solos. Tenemos que aprender a ganar. Espero que lo hagamos pronto.

