Hace 40 años, hoy fue un día soleado
Sep 30, 2008 in 1968, México, cultura, opinión, política
La consigna dice que el 2 de Octubre no se olvida. Pero para nosotros, la generación que somos los nietos de los que vivieron los hechos ocurridos en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, en 1968, ¿qué tan relevante resultan hoy en día?
En ese entonces el gobierno mataba estudiantes que no estaban de acuerdo con el discurso oficial. Para encubrirlo, el gobierno compró a Jacobo Zabludovsky para que ignorara la matanza, y este reportó casualmente “hoy fue un día soleado”, como si nada hubiera pasado. Lo cierto es, sin embargo, que si la democracia post-revolucionaria en México tiene un inicio, quisa no haya evento más simbólico que lo ocurrido ese 2 de Octubre.
Todo comenzó luego de un partido de futbol americano. Equipos que ya no son relevantes por haber sido reemplazados por el ITESM, en ese entonces protagonizaban todo un clásico estudiantil. Los holligans tomaron control del juego y eso dió pie a que los policias violaran la autonomía de la UNAM y golpearan estudiantes impunemente. De ahí inicio una serie de protestas contra la intervención gubernamental en las instalaciones educativas. Todos quisieron sacar provecho, y pronto había protestas comunistas, izquierdistas, rojillas, anti-gobierno, anti-olimpiadas, anti-impuestos, anti-Díaz Ordaz, y anti-presidencialistas. Un gobierno que nunca supo como ganarse a la gente decidió enemistarse con ella, y las protestas terminaron en sangre.
Debió haber sido alguien de adentro quien organizara la marcha del 2 de Octubre de 1968. Desde un punto de vista militar, no había mejor lugar para cometer una masacre que la Plaza de las Tres Culturas. Con solo una entrada que también era salida, fue demasiado fácil bloquear el escape de los estudiantes ahí reunidos. No queda claro si fue el ejército, o algún otro grupo paramilitar afiliado al gobierno, y como nadie ha investigado, no hay evidencias de que haya sido el gobierno, pero el silencio de los culpables y el sufrimiento de las víctimas nos llevan a todos a estar seguros que así lo fue: que el Presidente Díaz Ordaz aprobó una orden girada por su eventual sucesor, Echeverría, para masacrar a los estudiantes que se reunieron a protestar pacíficamente.
¿Por qué protestaban los estudiantes? Aunque gritaban consignas comunistas y anti-gobierno, es muy seguro ni ellos mismos sabían por qué protestaban. Seguramente lo hacían por que son jovenes, y la juventud se trata de protestar contra los adultos, y de reclamar un espacio en ese mundo donde se toman las decisiones y se define el futuro. Los jovenes son el futuro y los mayores son el pasado, o el presente. Los gritos dirían cualquier tesis incongruente, pero en el fondo se trataba de que los jovenes querían cambiar el 1968 y sentar las bases para las decadas por venir. El establishment PRIísta se vió amenazado ante tal expresión inocente de adolescencia, y respondió con francotiradores y tanques. La sangre derramada de tantos estudiantes era la voluntad gubernamental de sepultar el futuro para imponer ese presente en donde los de siempre robarían como siempre, y los de abajo quedarían sometidos a la incompetencia de esos asesinos.
Lo que siguieron fueron años de persecución contra guerrillas cada vez más sangrientes, discursos vacíos, y eventualmente, el fracaso de los adultos, las crisis sexenales, la pérdida de calidad de vida, el fin del milagro Mexicano, y el atraso nacional. Con la muerte de la generación del 1968 murió su espiritú, y México se condenó al pasado. Hoy seguimos pagando las consecuencias de esa represión masiva de progreso. El protagonista, el PRI, sigue impune. En gran medida por que lo que juramos nunca olvidar, ya lo hemos olvidado. Parece que nos ciega la luz del sol de ese “día soleado” del que hablaba Zabludovsky. Vicente Fox prometió una “comisión de la verdad”, y al final terminamos con un “panel del enredo”. Alguien demandó a Echeverría por genocidio y el juez determino que un grupo de estudiantes no constituían un grupo étnico, y por tanto, la masacre no fue genocidio. Echeverría era declarado culpable ante la opinión pública, pero inocente ante las leyes de nuestro país.
Hoy, tenemos un gobierno pluri-partidista y supuestamente democrático. Pero hablar de lo que hace un partido político en TV, ya sea que se acuse a uno de facista o se acuse a otro de fraudulento, es ilegal y perseguido por el IFE, y el gobierno sigue militarizando al país en una “lucha contra el narco” que es alabada por todos los medios, pero que nadie analiza a fondo. Nadie cuestiona la efectividad de la lucha, el precio, si el costo vale el beneficio, o las motivaciones políticas detrás de ella, y a quienes cuestionan, sin importar ideología, son reprimidos con programas de radio cancelados, pérdida de ingresos publicitarios gubernamentales, demandas, o acusaciones de ser un “anti-patriota”. Hoy ya no se derrama sangre, pero se siguen callando las bocas incomodas. ¿Será que al olvidar el 1968 hemos olvidado, también, las lecciones? ¿Será que como Mexicanos le daremos la espalda a nuestra historia y permitiremos que se nos repita?
Hace 40 años, los jovenes reclamaban un espacio en el mundo de los adultos para cambiar las cosas. Con su sangre pagaron la joven y debil democracia que hoy tenemos. Hoy, nos toca a los jovenes del 2008 hace un cambio similar. ¿Estamos dispuestos a movilizarnos, y los adultos están dispuestos a escuchar? La nueva generación quiere más de lo que ya tenemos. Hemos logrado bastante, sí, pero no es suficiente. Aun quedan 35 millones de Mexicanos viviendo en la miseria, y aun hay una gran desigualdad social. Aun hay más de 90 millones de Mexicanos faltos de educación avanzada y la educación básica que algunos logran tener es muy deficiente. Nuestro sistema de seguridad social esta quebrado, fiscal y moralmente, como lo está la credibilidad del gobierno y la legitimidad de todos los partidos políticos. Las últimas elecciones fueron más sobre matar la propuesta del contrario que por avanzar una propuesta original. México es un país atrapado por quienes quieren preservar el presente y quienes quieren regresarlo al pasado, pero hay un vacío político enorme que nadie llena: nadie tiene una propuesta de como debe ser el México del futuro.
Es por eso que es importante que no repitamos los errores de entonces. Debemos decidir si vamos a quedarnos a ver el “día soleado” que nos ofrecen los de siempre, y conformarnos con ese día y esperar al anochecer… o, por el contrario, decidir que queremos llevar el espiritu del cambio y hacer lo que hace 40 años hicieron unos jovenes estudiantes: intentar cambiar a México para hacerlo un país más moderno y más justo.





