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Martes de Muertos

Nov 04, 2008 in Juan Camilo Mouriño, México, opinión

Eran alrededor de las 6pm. Estaba yo trabajando en una presentación que debo dar mañana, cuando alguien en la oficina gritó “¿qué fue eso?”.

Antes de continuar, debo admitirle a mis lectores que la mudanza a la que hice referencia hace un par de semanas se debió a que ahora estoy laborando en una empresa en la Ciudad de México. Para ser exactos, estoy en un edificio cercano al IHOP que está casi en la esquina de Ave. Palmas y Periférico, es decir, a apenas 1 kilometro del cruce entre Ave. Reforma y Periférico, que es donde se ocasionó el fenómeno que hizo gritar a mi compañero de oficina.

“Vi como una explosión”, dijo él. De repente, la Colonia frente a nuestro edificio quedó sin luz. Pensamos que tan solo fue un transformador eléctrico y lo descartamos.

Pero después empezaron a decir que tal vez fue un helicoptero. No se mencionaban daños, o heridos, y mucho menos muertos. Lo único en de lo que se hablaba en la oficina era del tráfico. “Los que vayan para el sur, olvidenlo”. Yo no estaba tan preocupado. Después de todo, yo iba rumbo a la carretera a Toluca, más allá de Santa Fé.

A las 7:20pm ya se empezaba a confirmar que se trataba de una avioneta del Gobierno, Lear Jet, la que se había estrellado. Inmediatamente supe que era un avión ejecutivo. Seguramente iba un alto mando. Considerando que el dichoso cruce de Reforma y Periférico está a solo un kilometro y medio de Los Pinos, intuí que se trataba de alguien importante.

Pero aún no entendía yo la magnitud de la tragedia hasta que salí de la oficina, 10 minutos después, y en el flujo contrario a donde yo caminaba, en donde el tráfico en Ave. Palmas estaba completamente detenido, entre los autos desfilaban con urgencia miembros del Ejército Nacional. Corrían rumbo a la zona del accidente, portando la señalización DN-III, la misma que se da a operaciones en desastres extremos como terremotos o huracanes. Fue entonces cuando entendí que no se trataba de cualquier personaje importante, sino de alguien MUY importante.

Cuando subí a mi transporte ya lo especulaban en el radio. Quien iba a bordo era Juan Camilo Mouriño, Secretario de Gobernación, y José Luis Santiago Vasconcelos, ex sub-Procurador General de la República.

Aún sin la muerte de estos dos personajes, la historia del avionazo cerca de Los Pinos ya era una historia de caracter internacional. Si no por otra cosa, por que la sede nacional de la Agencia Reuters está a unos cuantos metros de distancia de donde ocurrió el accidente. Pero, evidentemente, que la muerte de todos los políticos de altísimo nivel que viajaban en esa avioneta le da una dimensión más profunda a las implicaciones del accidente.

Socialmente, para la Ciudad de México, el accidente ya inducía a la psicosis. Para mis lectores en Monterrey, imaginense que el avión se hubiera estrellado en el cruce de Gómez Morín y Vasconcelos, o encima del Paseo San Pedro. En cuestión de tráfico, el impacto (en términos Regios) es equivalente a si el avión se hubiera estrellado en Constitución y Gonzalitos. De hecho, por tratarse de la Ciudad de México, hay que multiplicar el impacto vehicular por 10, al menos. Esto es aún sin contar a los muertos calcinados y/o aplastados, y a la gente que perdió sus vehiculos y resultaron lesionadas por causa del accidente. En términos viales, todavía a 10 kilometros de distancia (y probablemente más), había desviaciones provocadas por el cierre de estas dos importantes arterias que son Paseo de la Reforma y Ave. Periférico.

A esto le sumamos, después, la muerte de estos importantes personajes políticos. En palabras del Presidente Calderón, “Grandes Mexicanos”, que sin duda tendrán un gran impacto en la vida nacional. De entrada, el Presidente tendrá que armar de nuevo su gabinete, y nadie duda que Mouriño era su mano derecha, sino es que hasta algo más. Ya hay especulaciones que se trata de un atentado del narco. Quizas. Esto me recuerda mucho a la muerte de Ramón Martín Huerta, quien también era un amigo muy cercano al Presidente (en ese entonces Vicente Fox), y quien también se rumora fue víctima de un atentado por el narco, aunque el gobierno lo niegue.

En el camino a casa solo podía pensar en la fragilidad de la vida. Yo solo soy un psicohistoriador amateur y un mercadologo profesional. Yo no tengo muchos lujos. Pero estas personas sí. Viajaban en un avión protegido por el personal mejor capacitado del país, con los lujos más altos y el poder de hacer y deshacer en toda la nación Mexicana. Y sin embargo, a pesar de su poder, a pesar de su riqueza, a pesar de su posición, no pudieron evitar la muerte. No puedo pensar en política en este momento, y quien lo haga, haría un mal enorme a la nación. Es momento de pensar en la fragilidad de la vida, en darle el pésame a las familias de las personas que murieron, que sin duda no tienen culpa de la ideología o acciones de estos políticos, cualesquiera que hayan sido, y que solo saben que han perdido a un ser querido. Para nosotros, la vida continua. Para ellos, ya no. Así de rápido, en una nublada tarde de noviembre, en una jornada que iba a ser histórica, y hasta alegre, por otras causas, en un momento, se fue la vida… ¿Como pensar en otras cosas en estos momentos?

Y sí, ya sé, ganó Obama. Será el primer Presidente Negro de la nación Americana. No dudo que será también un gran Presidente. Pero tampoco puedo pensar en eso, aunque haya sido lo que tenía preparado hace 4 horas para este blog. Así como le toco a Mouriño, así me tocará un día a mi, y así nos tocará a todos. No puedo más que pensar en eso: pobre o rico, poderoso o excluido, algún día nos va a tocar. No nos queda más que hacer lo mejor que podamos con los pequeños minutos que tenemos de vida, por que no se repetirán, y no sabemos cuando se nos van a acabar…

En paz descanse Juan Camilo Mouriño, Jose Luis Santiago Vasconcelos, Miguel Monterubio, Arcadio Echeverría, Norma Díaz, el piloto y copiloto de la nave, y las demás víctimas de la tragedia del día de hoy. Mi corazón está con sus familias. Desde aquí, comparto su pena.